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En Salud de eso no se habla... 

De qué modo ingresé al Programa de Control 

Periódico del Adulto Asintomático... 



¡Aunque usted no lo crea fue gracias al cigarrillo!  Sí, esta bien, ya sé que fumo demasiado. Dos o tres cigarros por día y por lo menos, dos, tres, cuatro, cinco cigarrillos. Es cierto que a veces abandono el cigarro después de la cena para dormir una siestita en el sofá, hasta la hora de mirar televisión. Pero nunca fumo menos de dos cigarros diarios, a los que se suman algunos cigarrillos cuando tengo un atado en casa. Pero no es lo más común, porque más que nada me gustan los habanos; los cigarrillos me atraen menos. Aún así, Mariana opina que fumo como una chimenea, sin medida y sin control. Desgraciadamente, no tengo fuerza de voluntad como para dejar de fumar o aunque sea fumar menos. Mariana opina, además, que éste es un vicio caro.

-Mira –me dijo-, ahora en las farmacias venden unas pastillas nuevas contra el tabaco. Uno se las pone debajo de la lengua y las chupa, y te irritan la garganta, te dan mareos y palpitaciones y una sensación de ahogo que te quitan por completo las ganas de fumar. Pero solamente lo venden con receta. Ya te pedí hora para que vayas a ver al médico. 

-¿Para mí? ¿Para que yo vaya al médico? ¿Para qué? –le pregunté escondiendo rápidamente el cigarro que tenía en la mano. 

-Porque fumás demasiado. Ya se te está yendo la mano. Toda la casa apesta a tabaco. Y además, en el Centro de Salud, donde antes no conseguías turno ni por broma, ahora los tienen “programados” y lo pedí unos días antes. 

-¡Pero yo estoy sano! –Intenté protestar 

-¡Justamente por eso! Allí tienen un “Programa de Control Periódico del Adulto Asintomático”. 

-¡Eso es ofensivo! Yo no ando de programas, ni soy adúltero, ni asmático... 

 -Mejor callate –me dijo-, se entiende que es para personas grandes sin síntomas. ¡Sanos!

-Está bien –la interrumpí con un gesto-, voy a ir.

Total, ¿qué me podía pasar?. 

Al llegar al Centro de Salud me dirigí a la administración y saludé: ¡Buenos días! 

-¿Qué quiere? –me preguntaron. 

-Turno para Clínica Médica –respondí con tranquilidad. 

-Los turnos se entregan de 7 a 9 horas y ya son las 9 y 25 –me aclaró la administrativa. 

-Disculpe, me expresé mal. Ya tengo un turno para las nueve... 

-Llegó tarde, ahora va a tener que esperar al último 

Y así fue, esperé hasta que me llamaron...

-Bueno –me dijo el médico cuando entré en el consultorio-, ¿qué es lo que tiene? 

-Fumo demasiado –murmuré evitando mirarlo a los ojos.

-Ingreso directo al Programa de Control del Adulto Asintomático –dijo mirándome a los ojos. Pero antes veremos si es asintomático . Y comenzó a preguntar. 

-¿Algún dolorcito en el pecho? 

-No doctor –dije cruzando los dedos. 

-¿Tos nocturna? 

-No doctor, en realidad tengo tos de día, de tarde y de noche. 

-¿Mareos, visión borrosa o sensación de que se mueve el piso? 

-No doctor, pero sí a veces... cuando me llegan cuentas e impuestos. 

Me hizo desnudar hasta la cintura. Me auscultó con el estetoscopio  

y luego de revisarme me dijo que ya podía vestirme. Me miró serio.

-Si me lo permite, le voy a hablar con toda honestidad –me dijo como pidiéndome permiso con la mirada. 

Yo me senté y le pedí que continuara. 

-Bien, voy a decirle lo que le ocurrirá si deja de fumar: sufrirá de estrés, se sentirá nervioso, desorientado, no encontrará un momento de calma; reaccionará con agresividad cuando su mujer o sus hijos le dirijan la palabra. Sin quererlo comenzará a maltratar a su encantadora esposa. ¿Y qué pasa cuando uno llega a ese punto? Ella también se pondrá a gritar. Y poco a poco irán aumentando las peleas cotidianas, y usted estará cada vez más nervioso, más susceptible, más inquieto, más irritable. 

Yo transpiraba. Siempre había temido que algún día llegara el momento en que un médico se inclinara sobre su escritorio para decirme: “¿Puedo hablarle con toda honestidad?” 

-Y después –prosiguió sin piedad-, no va a poder dormir; ya no tendrá esas seis u ocho horas de descanso tan necesarias. Y un hombre nervioso, susceptible e irritable es todavía más insoportable cuando no puede dormir. Las discusiones constantes terminarán alterando los nervios de su mujer, y empezarán a hablar de separación y divorcio. ¿Y qué es lo que le sigue a eso? Escenas desgarradoras: ¿Quién se quedará con los hijos?, ¿Cómo dividirán la casa y los bienes? Cuando se llega a esa altura, a uno se le cruzan por la cabeza las locuras más inimaginables. A veces hasta se llega a las manos. Y sus nervios destrozados no podrán soportar todo eso. Además no podrá concentrarse en su trabajo, se le complicarán las cosas. Encontrará consuelo y alivio en el alcohol. Poco a poco se irá hundiendo en  la   bebida   y   caerá  más   y   más...

¿Necesita que siga contándole la terrible verdad? ¿Puede soportarla?

Yo me revolvía en la silla; me había aflojado la corbata y me secaba el sudor frío de la frente.

-Sí, sí, doctor, siga... –murmuré respirando con dificultad. 

-Su vida disoluta, sumada a los efectos del alcohol, lo llevará a la ruina, quizás hasta llegue a cometer estafas, hasta que al final... 

-¿Al final qué, doctor? –Dije con voz entrecortada y débil, empapado en sudor-. Dígame toda la verdad. ¿Qué pasará después? 

-Al final, y perdóneme la franqueza, acabará en un pozo, sin esperanza ni futuro. ¡Todo eso es lo que puede pasarle si deja de fumar! 

Se calló. 

Yo me quedé mudo, con la mirada perdida. Después me metí la camisa dentro del pantalón, me abroché el cinturón y me puse el saco. Cuando me sentí capaz de volver a hablar, balbuceé: 

¿Y no... no se puede hacer nada para cambiar todo eso, doctor? 

No me dió una respuesta directa. Aplastó la colilla de su cigarrillo en el cenicero lleno hasta el borde y enseguida encendió otro.

-¿Usted qué fuma: cigarrillos, pipa o cigarros? –Me preguntó inclinándose sobre un bloc de recetas. 

-Cigarros –murmuré. 

Garabateó algo en una receta y me la dió. 

-¿Y, cómo te fue? –Preguntó Mariana, impaciente, cuando volví a casa varias horas después. 

-Bien, gracias –le respondí mirándola de frente-. Me hizo una receta para una caja de habanos. 

  


Adaptación para Centros de Salud del libro ¡Hola Doctor!,deWilly Breinholst.

Córdoba, Setiembre 1999