Un día cualquiera
se me ocurrió hacerme un
“chequeo”...
Aventuras de un adulto sano en hospitales
y en el Centro de Salud Nº 15 Remedios de Escalada
Como nunca me había visto un médico y cumplía cuarenta y ocho años me convencieron que tenía que hacerme un chequeo completo.
-Es necesario para conocer si tenés algo que todavía no presente síntomas –me insistieron.
-Está bien. Estoy convencido. Iré al Hospital.
Tendría que haber dicho que iría a varios hospitales, en plural, porque en todos la situación fue similar.
-¿Para qué viene? –preguntaban en administración.
-Quiero hacerme un chequeo –respondía.
-¿Se siente mal? ¿Qué tiene?
-Me siento bien, pero quiero controlarme para ver si esto es así.
-Los médicos están muy ocupados atendiendo a los enfermos –me decían. Y no pueden perder tiempo con la gente sana... ¡Porque usted está sano!
-No sabía qué hacer hasta que en el último hospital agregaron que tendría que concurrir al Centro de Salud de mi domicilio.
-¡Ellos se ocupan de esas cosas! –afirmó con énfasis la administrativa del hospital.
Recordé entonces que cerca de mi casa se encontraba el Centro de Salud Nº 15 Remedios de Escalada y hacia allí dirigí mis pasos...
-¡No hay turno para Clínica Médica! - me dijeron-. Cualquier cosa hable con el médico.
Cuando me retiraba desalentado tropecé con el Jefe del Centro.
-¿Qué le pasa? ¿Porqué esa cara de desaliento?
-Solamente quería hacerme un chequeo doctor, pero no hay turnos.
-Si no tiene inconveniente puedo verlo –me dijo-. Soy médico pediatra pero de eso algo entiendo. Puedo hacerle la Historia Clínica, revisarlo y solicitarle los estudios correspondientes. Y le doy turno para Clínica Médica.
-Bueno. ¡Gracias doctor! ¿Eso es un chequeo?
-¡Mucho más que eso! ¡Y más elegante! Aquí lo incorporamos al “Programa Municipal de Control Periódico del Adulto Asintomático”. ¡Qué tal!
-Tiene razón doctor, suena más elegante y más impresionante que el simple chequeo.
Me hizo pasar al consultorio y comenzó a preparar la historia clínica.
-Vamos a realizar la anamnesis y el examen a la vez –me dijo el médico.
-Está bien doctor, pero la memoria no me falla.
-Disculpe, no quise decir que tuviera amnesia sino que comenzamos el interrogatorio.
-¡Qué alivio! Porque desde hace tiempo, como prevención, tomo unas pastillas para la memoria muy buenas.
-¿Y cómo se llaman esas pastillas?
-En este momento no recuerdo doctor…
-¿Cómo anda de su tensión arterial?
-Nunca me la he tomado doctor.
-Veamos…¡Ajá! ¡Vaya! …
-¿Qué pasa doctor? ¿Está muy alta?
-No tanto. ¿Siente palpitaciones?
-Solamente cuando fumo doctor.
-¡Ajá! Tosa un poco por favor.
Tosí varias veces y me auscultó con cuidado.
-Hhmmm…¿Fuma mucho?
-Apenas una etiqueta por día. Y siempre al aire libre.
-¡Tiene el pechito cargadito! Sería conveniente que disminuya la cantidad…
-¿Pechito?…
-Disculpe –dijo el médico- Estoy acostumbrado a tratar a los niños.
-¿Verdaderamente el cigarrillo hace mal doctor? –Le pregunté para sacarme una duda que constantemente tuve-. Porque, por ejemplo, aquí en la sala de espera nadie fuma pero se siente un olor bárbaro a tabaco que viene del interior.
-El cigarrillo –me respondió el médico con tono firme- es mortal sin vueltas, aunque el personal de salud fume y salud pública mire para otro lado. Lo que pasa es que actúa a largo tiempo, como los créditos hipotecarios. A los veinte años de fumar puede ser dueño de un infarto y a los treinta de un cáncer de pulmón. Por eso el Programa de Control Periódico del Adulto Asintomático hace hincapié en el tabaquismo como epidemia.
Me pareció que estaba exagerando para asustarme, pero como era tan amable quise darle el gusto y le dije que dejaría el cigarrillo.
-Bueno… ¿Y la digestión como anda?
-Como de todo doctor, sin problemas.
-Me realizó palpación de abdomen con todo cuidado.
-Hhmmm…Ese hígado, murmuró entre dientes. A ver, siéntese.
Me golpeó en la zona lumbar haciéndome saltar hasta el techo.
-Hhmmm…Otra vez.
-Lo que pasa es que me tomó por sorpresa doctor, generalmente no me duele.
-Voy a ver como andan los reflejos –me dijo golpeando las rodillas con un martillo.
Mientras tanto anotaba cosas en la historia clínica.
-Acuéstese y doble las rodillas.
Después tomo una linternita y me examinó los ojos, tapando uno y tapando el otro como si estuviera jugando.
-Hhmmm…-dijo después de examinarme las pupilas. Le voy a tener que hacer un fondo de ojo.
Tomó el oftalmoscopio y me revisó con cuidado ambos ojos.
-¡Ayayay! –Le escuché murmurar-. ¡Esas arterias!
-¡Qué le parece doctor! Le pregunté algo nervioso.
Me miró un rato. Luego levantó la vista y se quedó pensando.
-Tengo que admitir –respondió al fin- que para un hombre de casi setenta años no está tan mal. Tiene usted sesenta y ocho, ¿no?
-¿Qué le pasa? –exclamé yo con las rodillas temblorosas. ¡Tengo cuarenta y ocho años!
-¿Seguro? Entonces entendí mal. Bueno, de todas maneras le doy turno para Clínica Médica y se hará previamente análisis, un electrocardiograma y una radiografía de tórax. Si usted se cuida no tendrá problemas. Aquí en Remedios de Escalada hay aire de campo y hasta tenemos un arroyo. Es cuestión de hacer ejercicios, comer sin grasas y dejar de fumar.
-¿Puede ser? ¿Si cambio de estilo de vida?
-¡Así es! Todo es cuestión de conducta y de controlarse todos los meses.
Adaptación autóctona a la idiosincrasia de los Centros de Salud del libro ¡Hola doctor!, de Willy Breinholst.
Córdoba,Octubre1999.