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¿Qué país quieren los argentinos?

La "Viveza Criolla" en Argentina es la causa principal de

una crisis moral, cultural, económica, social y política

 

Un grave defecto moral y cultural, con origen y predominio en Buenos Aires, afecta a la sociedad argentina y se convirtió en factor principal de su retroceso y de crisis sucesivas,  que llevaron a la desaparición de la justicia social, a la dependencia económica y a la pérdida de la soberanía política

 

Introducción

La existencia de una cultura que busca el placer y evita el esfuerzo y el trabajo se encuentra en la crisis argentina que hunde sus raíces en las costumbres, prácticas y en la idiosincrasia de la "viveza". Con factores fundamentales en su presentación, como "la falta de respeto por los demás" y "la indiferencia por el bien común", en un marco de intereses individuales, sectoriales y corporativos.

Los problemas de la Argentina se originan en varias causas y tienen importantes raíces morales y culturales. Están relacionados con algunos valores, creencias, normas y hábitos arraigados en nuestra sociedad, que influyen sobre nuestro modo de ver y hacer las cosas como individuos o grupos, en la actividad económica, las instituciones gubernamentales o la sociedad civil.

La causa principal es la "viveza criolla" como filosofía de progresar siguiendo la línea del menor esfuerzo e ignorando las normas, el sentido de responsabilidad y la consideración por los demás, y es  la viveza argentina extendida a todas las capas sociales y a la totalidad del territorio nacional, aunque predomina con sus rasgos bien marcados en Buenos Aires.

La viveza criolla significa  depredación oportunista, es decir, la prontitud  para obtener máximo provecho a la mínima oportunidad, sin escatimar los medios a utilizar ni las consecuencias o perjuicios para los demás.

 

Análisis preciso de un ciudadano español en 2006

En el diario la Nación en Julio 2006 aparece una nota de José Forteza-Rey, español que invierte en Argentina 2006, con un emprendimiento agropecuario y ganadero en la provincia de Corrientes, donde describe lo que pasa y como observa a los argentinos en sus actitudes.

"Hace unas semanas, como pequeño inversor español, desperté bruscamente de este sueño bucólico de ser propietario de una finca en la Argentina, cuando fui informado telefónicamente de que gente próxima a mi propiedad la invadía repetida y sistemáticamente con su hacienda para disponer de mis pastos, de que los alambrados que marcan los límites con el vecino eran derribados reiteradamente y, lo peor de todo, de que mi personal encargado de cuidar de este campo no sólo ha sido amenazado por cumplir con su deber de retirar la hacienda ajena e informar de estos actos de intrusismo, sino que recientemente han sido tiroteados por los mismos sujetos que invaden nuestra propiedad. Así, me encuentro en estos momentos involucrado en una serie de procesos judiciales.

Estos hechos me llevaron a reflexionar y a hacer un modesto análisis de situaciones casi similares y cotidianas que, según parece, son tan habituales en la Argentina, generadas por personajes como el vivo, el ventajero, el oportunista, el que se dedica a zafar, el simple ladrón o estafador y todos aquellos que, como muy certeramente definía un autor argentino, viven protegidos por el microbio de la impunidad.

Primera observación: la abundancia, la prepotencia y la omnipresencia de estos individuos, llamados por algunos “los incorregibles”, provocan la sensación de representar a un país en el que los defectos son tan poderosos y escandalosos, que ocultan casi totalmente las virtudes.

Segunda observación: cuando uno anda por este país, conoce gente, se le abren puertas, hace amigos, y se da cuenta de que hay otra Argentina: responsable, digna, trabajadora, sensible, amante de su tierra, avergonzada de los actos de algunos de sus paisanos, pero lamentablemente sus comentarios sobre esta situación están teñidos de un sentimiento casi unánime de impotencia, derrota y desaliento, ante lo que ha sucedido en el pasado, lo que está sucediendo y lo que seguirá ocurriendo en el futuro.

Tercera observación: no deja de ser curiosa la coincidencia de muchos argentinos en la crítica a la clase política y al sistema judicial, como principales responsables de esta situación.

Si bien lo anterior es una afirmación que, salvo raras y honrosas excepciones, parece totalmente acertada, no es menos cierto que confiar en que si un día la clase política cambiara debido a un proceso de autocrítica y responsabilidad, entonces cambiaría el país. Esta teoría deja como única salida el hecho de que mientras llega este “acontecimiento”, lo único que se puede hacer es que cada argentino se defienda como pueda.

Si alguien confía en que acá o en cualquier otro lugar –con independencia del nivel de exigencia moral y ética de una parte importante de sus ciudadanos– la clase política, de manera unilateral y voluntaria, pueda sufrir una evolución hacia criterios de honestidad, bien común, reparto equitativo de la riqueza, etcétera, es porque realmente cree que se producirá un nuevo milagro sobre la Tierra, como el de la llegada de Jesucristo,

A esta perversa frase de “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, aun aceptando su contenido demagógico, reconozcámosle su parte de razón. Y aquí cabría recordar aquella frase de Martin Luther King, cuando decía: “Tan aborrecible es el acto criminal como vergonzoso el silencio de los justos”.

La posibilidad de transformación de un pueblo se basa en el hecho de conseguir ciudadanos con ideas, valores y actitudes ejercidas en un marco de respeto. La defensa de las ideas, el tener los valores como guía y el ser consecuente con lo anterior por intermedio de nuestras actitudes son conductas individuales que puede y debe practicar cada ciudadano.

Si los ciudadanos argentinos que piensan de esta manera pudieran reconocerse en el modesto hacer cotidiano, quizá nos llevaríamos la sorpresa de que son muchos. Y si además perdieran el complejo de soledad e impotencia, posiblemente estaríamos ante el primer paso del cambio.

Me refiero a estos argentinos a los que les gustaría –como nos gustaría a otros ciudadanos del mundo– poner en la puerta de sus casas la frase en latín que se encuentra en la municipalidad de Catavieja, España –que tal vez alguno de los lectores ya conozca, con otra referencia– y que dice más o menos así: “En esta casa/ se odia la maldad,/ se ama la paz,/ se castigan los crímenes,/ se conservan los derechos,/ se honra a los honestos”.

No olvido, sin embargo, mencionar que, mientras pueda mantener los extraordinarios amigos que hice acá, por supuesto, me quedo".

En este caso se pone en manifiesto un tipo de "viveza criolla" que se dedica al latrocinio de la tierra de los demás, que llega a contar con la falsificación de títulos de la propiedad para apoderarse de propiedades y de grandes extensiones de tierras.

 

Expresiones culturales y morales

Alrededor de la viveza se imbrican una serie de manifestaciones culturales y morales  que la forman y contribuyen a mantenerla:

La viveza criolla se ha insertado fuertemente en la sociedad y de ella surgen los problemas y los políticos argentinos. Pero la sociedad la está señalando desde hace tiempo y marcando para suprimirla. Lleva muchos años como fenómeno social y causa de complicaciones en el desarrollo del país por las consecuencias económicas que produce y el deterioro en el desarrollo.

Hay cierta asociación entre la viveza y el Tabaquismo y una tendencia cultural hacia la admiración de la viveza criolla, que se observa desde hace muchos años en el juego nacional  del Truco, donde predomina el engaño y la viveza. Y que luego se muestra con humor en varios personajes de historieta, siendo los principales Isidoro Cañones y Avivato. Luego los intelectuales como Borges, Marcos Aguinis y Miguel Rodríguez Villafañe la estudiaron profundamente descubriendo todas sus aristas.

 

El Tabaquismo en la cultura de la viveza criolla

La acción de fumar da salida a una tensión o ansiedad que se alivia con sacar el cigarrillo de su etiqueta, acomodarlo en la mano y en la boca, procediendo a encenderlo con cierta gracia y estilo de dignidad.

El entorno de la viveza criolla suele encontrarse con frecuencia ligado a las adicciones del tabaco y el alcohol. Ya desde niño, cuando se comienza a fumar, se asocia al cigarrillo con un ambiente mundano y al que fuma como el tipo "piola" - "canchero" que se "las sabe todas" y puede dictar cátedra de viveza. El fumador adopta poses que forman parte del hábito psíquico y gestual, tal como sentarse de una cierta forma, mirar, interrumpir, reír mediante unas técnicas corporales, una manera de hacer que es la forma externa de relacionarse con los demás.

El vivo se siente mejor con un "pucho" o un "trago" en la mano mientras elabora internamente la magnitud del engaño y calibra a quienes habla simulando simpatía. El hecho de tomar el cigarrillo de cierta manera, aspirar el humo entornando los ojos y dejar caer la ceniza con estudiados golpecitos de un dedo, permite pensar lo que se va a decir para que no parezca una mentira.

El argentino rápido, de respuesta sagaz y mucha calle se representa con un cigarrillo en la boca.

 

El Juego del Truco

Un antecedente cultural de la viveza criolla es el principal juego de cartas argentino: El Truco. Que ha sido estudiado por M. Rodríguez Villafañe con una comparación hacia la realidad política.

Es un juego en que gana el más pícaro, y logra hacerlo mintiendo. Vale más el triunfo cuando se obtiene engañando a los otros, y si alguien lo hace notar se le dice que "los de afuera son de palo". Su dinámica es representativa de la realidad política y social, mostrando a los que tienen las cartas como dueños de un poder político, y a los observadores como un pueblo espectador.

Enseña a soslayar la verdad y aceptar el engaño como metodología para ganar. A ocultar las acciones con códigos o señas. Y aparta a los espectadores porque "son de palo".

 

Isidoro

Borges describió al argentino diciendo que "El argentino suele carecer de conducta moral, pero no intelectual; pasar por un inmoral le importa menos que pasar por un zonzo.  La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama viveza criolla"

Seguramente estas afirmaciones las hizo Borges con su conocimiento y contacto con la vida porteña, cuyo prototipo de corrupción  figura en una historieta que tiene más de 50 años: Isidoro Cañones, personaje de Dante Quinterno y típico "porteño vivo".

Es el porteño típico por excelencia, que celebra la vida fácil, el dinero obtenido de cualquier forma menos con trabajo y las distintas formas de engañar a los demás, un play boy que alterna en la alta sociedad y vive de fiestas, juergas nocturnas, del juego y nunca trabaja.

Es adicto al tabaco y al alcohol, por lo cual su pose más habitual es con el cigarrillo en la mano preparando un trago. Su adicción al tabaco se muestra llegando al límite de tener que ser internado para su recuperación, y colocado en carpa de oxígeno con  humo de tabaco, más un goteo intravenoso con alcohol.

 

Avivato

Otro personaje fue Avivato, también porteño y vividor, dibujado por Lino Palacio, como personaje de la clase media que trata de evitar el trabajo y saca provecho de los demás. El mismo lino Palacio lo describe en la letra de un tango que compuso:

 

 

Sos un muchacho porteño con berretín de "play boy"
que vive como  un gran señor, sin laburar.

Sos un Avivato, qué le vas a hacer!
Estás en la ola, nunca hacés la cola
y sos el primero en el marcador.

Sos siempre oportuno, sos fórmula uno
y nunca ventaja nadie te sacó.
Estás en el ruido, seguís a las modas
te las sabés todas, cada cual mejor.

( Letra resumida )

 

Vivo o piola es el que se las sabe todas, para evitar el trabajo, el estudio o pagar. Es el vividor a costa de los demás, que utiliza como elemento principal la mentira, adornada con simpatía, Considera que todos los medios son buenos para conseguir sus fines, Su interés justifica y legaliza todo.

El problema argentino radica en este punto de la "viveza criolla", pues suele constituir un estilo de vida, conducta o comportamiento que fascina a algunos grupos sociales, por interpretarla como una capacidad especial más digna de admiración que de rechazo. De estos grupos propensos a la viveza criolla surgieron los políticos argentinos, lo cual explica la situación increíble de Argentina.

 

Televisión

Ejemplos y conductas de viveza criolla pueden observarse diariamente en los programas de la televisión porteña, donde predomina la soberbia, la pedantería, la vulgaridad, el expresarse a los gritos, la burla ofensiva hacia los demás y la promoción de la homosexualidad. Esto es decir: "viveza criolla".

Esta expresión actual de viveza, que se encuentra en muchos programas televisivos, concentra toda su creatividad en gritar en lugar de hablar, agredir con tonterías, exponer la vida íntima de la farándula y burlarse de los demás, siendo el ejemplo Tinelli, el programa que exporta al mundo esa devoción Argentina por la viveza criolla. Un vivo porteño que conduce a un grupo de vivísimos aduladores que hacen apología del "tener lleca"  (que quiere decir tener calle en porteño) y ser el más piola de la barra. Tinelli, el vivo en jefe, se ríe de las ocurrencias de los otros vivos. Realizan agresiones torpes y chabacanas hacia otras personas, con una cámara oculta, que consideran les permite hacer cualquier avivada porteña, insultar, gritar, desnudarse y actuar con total desconsideración hacia la víctima.

Así en televisión pueden observarse las características destacadas del vivo criollo:

  • Oportunismo

  • Deshonestidad

  • Astucia

  • Engaño

  • Egolatría

  • Desprecio por el esfuerzo

  • Falta de respeto por los demás

En televisión se combina  la viveza con la homosexualidad, como un componente perverso que tiende a la disolución social. Se socava la familia y se promociona esta desviación, presentándola con las características de "viveza criolla", independencia, desfachatez, rebeldía, sagacidad y, sobre todo, de "normalidad". Situación que oculta la relación de la homosexualidad con su carácter intrínseco antinatural, corruptor de la juventud y disgregador de la sociedad.


 

Renacer

Mons. Carmelo Giaquinta destaca al vividor en Mayo 2002 -En el documento "Para que renazca el país":

"El sueño de la Argentina es un sueño extraño. Pensábamos que éramos grandes por el simple hecho que nuestra geografía lo es. Canadá es muchísimo más extenso que la Argentina, pero no por ello se creyó grande. Lo es por sus hombres que se han sobrepuesto con su esfuerzo a la extensión de sus estepas y a su clima gélido. Nosotros en cambio apostamos a "hacernos los vivos", a vivir sin esfuerzo, sin trabajar. Ya desde chico escuchaba, como si fuese una máxima de vida: "el vivo vive del zonzo, y el zonzo de su trabajo". Tristemente esa máxima se hizo carne en el alma argentina. El lenguaje cotidiano da cuenta de esta triste cualidad. El "avivado", el "ventajita", el "acomodado", el "piola",... Marcos Aguinis, en su libro "El atroz encanto de ser argentinos", dedica un capítulo a analizar el somnífero de la viveza criolla. Lo peor es que ésta "viveza" tan estúpida, oficializada por la dirigencia, ha producido subproductos humanos: punteros, ñoquis, privilegiados a sueldo... Y alimentó una inequidad social que, si bien existió siempre, nunca fue tan abismal como en la ultima década. ( Ver texto completo )

 

Argentinos vivos

El pensador y escritor Marcos Aguinis en "El atroz encanto de ser argentinos" se refiere a la viveza criolla en un capítulo:

"Se la conoce como viveza criolla y es la viveza argentina extendida a todas las capas sociales y a la totalidad del territorio nacional, aunque predomina con sus rasgos bien marcados en Buenos Aires.

Tiene un efecto antisocial, segrega resentimiento y envenena el respeto mutuo. Sus consecuencias, a largo plazo, son trágicas. No sólo en el campo moral, sino en los demás, incluso el económico. Pone en evidencia una egolatría con pies de barro, un afán de superioridad a costa del prójimo y una energía que se diluye en acciones estériles. Los demás humanos -seres estúpidos que sufren las estocadas del vivo o le responden con impericia- se llaman zonzos o giles.

El considerado "vivo" se siente el centro del mundo; si las cosas le salen mal, la culpa la tiene otro.  Proclama que todo lo sabe y todo lo puede.  Desborda capacidad para encarar cualquier iniciativa y asumir cualquier trabajo, por encumbrado o difícil que sea. Si lo eligen para un alto cargo, no se detiene a pensar en las dificultades inherentes a esa función, la posible falta de entrenamiento o su total carencia de aptitud.  El vivo aparenta inteligencia, conocimientos, brillo y ejerce seducción. Pero se basa en la mala fe, el engaño y la inmoralidad.

Es un maestro del fraude, que empaqueta en fina seducción. Incluso ha inspirado el universo de la historieta con un personaje creado por Lino Palacio y que alcanzó amplia popularidad: Avivato.  ¿Qué muestra?: un argentino oportunista, falso, sobrador. holgazán, coimero y listo para hacerse de cualquier ventaja.

Un rasgo básico es que el vivo no cree en la justicia.  La viveza criolla consiste, precisamente, en atacar sin importar la ley y sin que la víctima pueda devolver el golpe. Desprecia la ley. Más aún: la ley es un obstáculo que se debe saltear... o burlar. ¡Siempre! El fraude jamás lo escandaliza, porque constituye uno de sus recursos más frecuentes. Para el vivo, la honestidad es una palabra hueca, ingenua, arcaica. De la misma forma descalifica la transparencia: jamás confesará a otro qué le pasa o cómo le va; y está seguro de que los otros hacen lo mismo con él.

Necesita burlarse de alguien al que llama punto y su diversión cotidiana es la cachada. Está seguro de que logrará burlarse del punto que tiene enfrente.  Lo elige con admirable precisión y descarga sus dardos antes de que adviertan el ataque. Porque sus ataques aprovechan la sorpresa y se escudan de tal forma que no le pueden devolver la agresión. Para lograrlo vale todo: mentir, aprovecharse de las debilidades ajenas o empujarlo hacía el ridículo.

Entre sus características principales se destaca el desdén por el esfuerzo. "El vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo", repite para su menguada conciencia. Esto se completa con una consigna tácita: No hay que producir, sino apropiarse de los productos. Y para apropiarse no hay que trabajar, sino ser vivo.

¿Qué pasaría si los vivos llegaran al gobierno? Como son inmorales y egoístas, no se esmerarán en el beneficio de la sociedad, sino de ellos mismos.  La voracidad de los vivos se regodeará con la rapiña. Pero el país que comandan -el barco en que navegan- terminará por hundirse junto con ellos.
Toda semejanza con la realidad, ¿es pura ficción?" ( Ver texto completo )

Se entiende la viveza como prontitud, rapidez, sagacidad y astucia; como  "acción desconsiderada" y "prontitud en las acciones". El vivo hace de su viveza un oficio y un estilo de vida. Es un experto en los caminos que lo llevarán a encaramarse sin ninguna exigencia de idoneidad. Es rápido para responder y dispuesto para elaborar frases que no dicen nada pero parecen discursos.

Inspirado por su resistencia al trabajo, el vivo es el "candidato natural" al cargo público, donde encuentra un terreno defendido por la mediocridad que lo pone a salvo de las asechanzas de la inteligencia.

 

Aforismos de la viveza criolla

Hay ciertas sentencias y pensamientos que revelan la idiosincrasia de la viveza criolla:

Conclusiones

Argentina tiene que cambiar sus comportamientos reemplazando la viveza por el trabajo, porque el país no puede avanzar sin trabajar, con una actividad disciplinada y en equipo, en el cual cada uno asuma plenamente su responsabilidad por el bien común. La capacidad de recuperación argentina está ligada a la comprensión y superación de que tanto retroceso y tanta crisis en un país que todo lo tiene, está ligado más a la conducta y forma de ser de la sociedad que a factores externos. 

Los funcionarios deben renunciar a los gastos reservados, al intercambio de influencias, a la disposición discrecional de empleos que pueden llenarse por concurso y a otras formas de provecho personal no legítimas ( Pedro J. Frías ).

Hay que cambiar la corrupción por la honestidad, el individualismo por la solidaridad, la anomia por el respeto a las normas y, en definitiva, la viveza por la inteligencia y el trabajo para llegar a tener un país respetable.

Y las reformas deben surgir desde la familia, que es la primera educadora en los valores y célula esencial en la formación de la vivencia del respeto de cada uno y de sus derechos. El Estado y toda la sociedad deben ayudar a afianzar la FAMILIA, elemento natural y fundamental de la sociedad, para lo cual es preciso establecer la EDUCACIÓN como Política de Estado.

 

Dr. Julio Crespo Argañarás - Agosto 2006

   

Referencias


www.tabaquismo.freehosting.net

Actualizado Agosto 2006

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