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Bien Común

y Política Argentina

A la luz de la Doctrina Social de la Iglesia Católica

FRANÇAIS

La sociedad civil argentina se encuentra hoy amenazada por el relativismo moral, que niega la existencia de principios morales objetivos e ignora el respeto mutuo y el bien común, considerando como una provocación antidemocrática y sectaria el hecho de defender principios éticos

Introducción

La política es la ciencia social y práctica cuyo objeto es la búsqueda del bien común de los integrantes de una comunidad, siendo deber del poder político y la razón de ser de la autoridad política.

Por lo tanto, es el bien común el principio y fin ético de la política. Será justo y adecuado todo aquello que beneficie, tienda, acreciente o promueva el bien común. Y lo que tienda a perjudicarlo o disminuirlo con toda evidencia será injusto y pernicioso.

En Argentina, desde principios del siglo 20, una corriente apunta a la secularización apartando a Dios de las actividades humanas, e intenta sostener que las creencias religiosas conciernen y pertenecen sólo a la vida íntima y privada. Este concepto que es absurdo para un cristiano, coincide básicamente con el laicismo-relativismo, que pretende organizar la vida pública, social y política prescindiendo de toda orientación religiosa.

Algunos creyeron que esto era posible sin que la base ética de la convivencia social se vieran alterados. Pero no fue así y el alejamiento de Dios produjo un aflojamiento y luego pérdida de los valores morales, dando como consecuencia una serie de problemas entre los cuales se destaca la corrupción en la crisis moral, social y económica que se desató en diciembre 2001. La sociedad estructurada con una concepción de indiferencia no podía funcionar igual que una sociedad ordenada en base de la creencia de Dios y se quedó sin valores éticos.

La dirigencia política, sindical, empresaria y financiera, ha perdido la noción del Bien Común y la actitud de servicio. Todo lugar de poder es utilizado para el bien propio y la actitud es de adicción a ese poder y a la riqueza. Olvidaron la ética y dejaron de lado a Dios porque no les reporta utilidad, ni beneficio material , ni ventajas, ni privilegios especiales

 

Concepto

La Iglesia Católica argentina ha insistido siempre en que no debe olvidarse el bien común en el país y al manifestarse la crisis recordó a los políticos que se habían apartado del bien común. Naturalmente no le hicieron caso porque no entra en sus mentes y en sus vidas el "Bien Común", se preguntan que quiere decir eso, y solamente pensarían en impulsarlo si obtienen alguna ganancia extra. Mientras tanto lo dejan de lado y  la relación con la Iglesia les interesa para que atempere las reacciones populares.

Un sano concepto del bien común abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección. Se considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los deberes y derechos de la persona humana -Juan XXIII: -

El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección - Concilio Vaticano II-

En el Catecismo Católico figuran las características del Bien Común:

"El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales:

 

"La familia es el yunque donde se forja el espíritu de la raza, donde se  templa el alma de los pueblos"

"En el proyecto de todo grupo político debería estar la defensa de la familia porque es el presupuesto para el bien común"

 

Si toda comunidad humana posee un bien común que la configura en cuanto tal, la realización más completa de este bien común se verifica en la comunidad política. Corresponde al Estado defender y promover el bien común de la sociedad civil, de los ciudadanos y de las instituciones intermedias, porque el fin del Estado debe ser siempre la búsqueda, consecución y defensa del bien común.

Las responsabilidades frente al bien común no son iguales en todos los ciudadanos, los hombres más conocidos de un país -políticos, artistas, intelectuales. deportistas de elite, etc.- han de ser íntegros. pues constituyen una minoría de prestigio cuya conducta tiende a ser imitada. "Por eso los grandes, cuando tienen vicios, resultan particularmente perniciosos para el Estado, pues además de estar corrompidos, corrompen a los demás." ( Cicerón )
 

Elementos esenciales constitutivos del bien común

Hay cuatro elementos básicos constitutivos del bien común:

No hay que olvidar la función social de la propiedad. Los bienes poseídos, en cuanto sobrepasan a la digna sustentación del propietario, deben destinarse por éste a actividades en favor de los demás. De lo contrario, es fácil caer en el uso injusto de las riquezas.

- Un ordenamiento jurídico (garantía externa del bien común).
- Una ordenación económica (base material del bien común).
- Un sistema educativo (garantía interna del bien común).
- Un orden político (promotor del ordenamiento jurídico, de la ordenación económica y del sistema educativo).

Es tan importante el bien común en la enseñanza de la Iglesia, que Tomás de Aquino llega a considerarlo aliquid divinum. Es que para los cristianos, no hay solamente verdades que creer, sino también verdades que hay que poner en práctica.

La ausencia de sensibilidad para el bien común es un signo cierto de decadencia de una sociedad, porque cuando se erosiona el sentido de la comunidad, disminuye la inquietud por el bien común. Una buena preocupación comunitaria es el antídoto a un individualismo desenfrenado que, como el egoísmo ilimitado de las relaciones personales, puede destruir el equilibrio, la armonía y la paz en el seno de los grupos, de los vecindarios, de las regiones y de las naciones.

 

Tradición Católica y política

En la tradición católica, la ciudadanía responsable es una virtud y la participación en el proceso político es una obligación moral. Cada católico tiene una responsabilidad moral de informarse y votar conforme su propia conciencia. En realidad, deben llegar a ser una comunidad de conciencia dentro de la vasta sociedad, basados en la sabiduría moral que se encuentra en las Escrituras y en las enseñanzas de la Iglesia. 

El bien común consiste en la promoción y garantía de las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan desarrollar su vida y disfrutar de los bienes comunes en las mejores condiciones posibles. En cualquier situación, las instituciones políticas deben garantizar a todos los ciudadanos el derecho a la vida y a la educación, a la sanidad, al trabajo y a la vivienda; la libertad de expresión, la capacidad de iniciativa y responsabilidad en el proyecto y realización de su propia vida.

Los católicos deben llevar sus valores a los debates y reuniones políticas sobre el futuro, sabiendo que muchos temas  tienen dimensiones morales. Recordando que Tomás Moro, el Patrón de los gobernantes y políticos, afirmaba que:

"El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral”

La tradición sostiene que la función legítima del gobierno es servir el bien común y proveer para las necesidades de la gente. El bien común es el fin de la ley, de la autoridad y de la sociedad por lo que el conjunto de la actividad política debe estar orientada al bien común de la sociedad, siendo el Estado garante del bien común

En toda actividad política es posible distinguir cuatro principios éticos

1° Libertad- Que consiste en facilitar las distintas libertades de los ciudadanos.

2° Subsidiariedad- Para facilitar a los ciudadanos y asociaciones intermedias la solución a sus problemas y crear instituciones que llenen las lagunas entre el Estado y los individuos.

3° Solidaridad- Significa que el Estado, asociaciones intermedias y ciudadanos deben colaborar cada uno en su ámbito propio al bien común de la sociedad.

4° Bien común- Son el conjunto de condiciones sociales que permite a personas, familias y asociaciones alcanzar su fin.

Un principio ético fundamental del Bien Común es la igualdad de los particulares ante el bien común, considerando que los ciudadanos situados en el mismo plano, no pueden ser privilegiados frente a otros, ante el bien común y en la misma escala de valores. Se condenan favoritismos y se defiende la igualdad de oportunidades y de derechos. Este principio condena el tráfico de influencias y mantiene la igualdad de todos los ciudadanos ante a ley.

Dice el Concilio Vaticano II: "Los partidos políticos deben promover todo lo que crean que es necesario para el bien común; pero nunca es lícito anteponer el propio interés al bien común."

La democracia no es el acto de elegir a un candidato para un puesto público. Su basa en la soberanía del pueblo que otorga ese poder a personas concretas mediante el sufragio universal. En el corazón de la democracia están también otros valores, tales como la igualdad, libertad, educación, distribución justa de la riqueza, respeto a la ley justa, autoridad política, alternancia en el poder y control de la autoridad.

La democracia se verifica siempre que cada uno de sus actores se mueve en pro de los derechos y la dignidad del hombre. Los hombres y mujeres que aspiran a una responsabilidad pública han de tener muy presente que su conducta es un lenguaje de educación ciudadana. Las palabras y sus gestos pueden contribuir a enriquecer o empobrecer la convivencia ciudadana, pues ellos son el espejo en el que los ciudadanos se miran en espera de ver confirmados los valores humanos y políticos deseados. La campaña electoral ha de ser, por tanto, una oportunidad para presentar un escenario de educación en valores. Los programas y propuestas no deben estar guiados por rencillas, oportunismos o gestos de estrategias mentirosas. Han de expresar el profundo respeto hacia un electorado que pide a sus representantes coherencia y dignidad a la hora de dinamizar la vida comunitaria.

Es necesario una renovación de los valores democráticos y esto debe surgir con la convicción de la primacía de los valores espirituales sobre los materiales. La democracia no se justifica por ser más eficaz que otros sistemas, por conseguir más beneficios económicos y de un modo más rápido, sino por permitir al ser humano vivir con más dignidad y con más preocupación por el bien y los derechos de los demás.

Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona. Este es el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia (que no hay que confundir con la renuncia al ensañamiento terapéutico, que es moralmente legítima), que deben tutelar el derecho primario a la vida desde de su concepción hasta su término natural. Del mismo modo, hay que insistir en el deber de respetar y proteger los derechos del embrión humano. Análogamente, debe ser salvaguardada la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal.( Card. Ratzinger )

 

Recrear la política

En la búsqueda del bien común, que no se identifica con el bien personal de ninguna persona en particular, es como el hombre encontrará su propio bien,  porque el bien común resulta de una jerárquica ordenación de los bienes particulares en función de los más importantes y generales.

Todos los  hombres, deben tener asegurada la suficiencia de bienes, no sólo materiales, sino también morales, intelectuales y espirituales,para poder concretar sin detrimento las actividades que conduzcan a su inserción comunitaria.

En una época caracterizada por la afanosa búsqueda del interés particular, por el olvido de todo sentimiento comunitario, plantear que toda acción política ha de estar encaminada al “Bien común” puede producir sensaciones de desconocimiento o perplejidad en quien ha sido educado en la ética del provecho y enriquecimiento económico rápido, sin considerar que la persona humana es el fundamento y fin de toda convivencia. Y es de esa consideración, desde donde encaminar toda acción política dirigida al reconocimiento y respeto de la dignidad humana mediante la tutela y promoción de los derechos fundamentales del hombre.

Podemos afirmar que una comunidad política tiende al Bien Común cuando actúa a favor de un ambiente humano en el que se ofrece a los ciudadanos la posibilidad del ejercicio real de los derechos humanos y del cumplimiento pleno de los respectivos deberes

En Mayo 2002 los Obispos argentinos hicieron una acertada descripción del país y de la necesidad del bien común, diciendo que "Hoy la Patria requiere algo inédito" y que "La acción política, uno de los más nobles servicios al hombre y a la sociedad, parece esterilizarse por la afanosa búsqueda personal y sectorial de poder y riquezas, y pervertirse cuando grupos económicos o financieros la hacen instrumento de sus intereses.

Lo mismo a mediados del año 2004, en "Necesitamos ser Nación", los Obispos argentinos destacan la necesidad de ser Nación en un país que debe tener hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria, que cumplan sus deberes y no se contenten únicamente con exigir sus derechos. Destacando el  relativismo moral que afecta la concepción de la persona y de los vínculos humanos, en primer lugar del matrimonio y de la familia, y que pone en peligro la vida humana naciente cuando se quiere hacer olvidar que el aborto es un crimen que mata al más indefenso de los seres humanos.

En Noviembre 2005 los Obispos argentinos reiteran estos conceptos en Una luz para reconstruir la Nación, pero la disposición ideológica del gobierno le hace actuar como "relativista" y lo interpreta como un ataque directo a su verdadero relativismo confuso y anárquico.

La voluntad de reconstruir la Nación desde la perspectiva del bien común puede medirse por la defensa de los derechos adquiridos y el reclamo de los nuevos. Si al defenderlos o reclamarlos lo hacemos dentro del respeto de los derechos esenciales de los demás, estaremos construyendo la Nación. De lo contrario la estaríamos dañando, porque estaríamos actuando en contra del bien común.

También debe observarse el comportamiento con los bienes públicos y educar en el respeto de los bienes públicos es uno de los grandes desafíos que han de enfrentar la familia, la escuela, la catequesis y los medios de comunicación social. Sin este respeto sería muy arduo convivir armónicamente y muy difícil construir una república.

 

 

El Relativismo Moral

El relativismo moral, impulsado en Argentina por una obsoleta ideología de los años setenta, se manifiesta como el origen de problemas planteados a una sociedad que tiene otras prioridades. Y así se lanza a la consideración pública la "necesidad" de despenalizar el aborto, la promoción y normalización de la homosexualidad, la posibilidad de desorganizar la familia y embates contra la religión y la fuerzas armadas.

La ausencia de preocupación por el bien común y las agresiones contra pilares de la sociedad intentan crear una sociedad sin Dios, sin familias, sin religión y sin defensa.

El relativismo moral postula que no existen principios morales objetivos, absolutos y universales. En su lugar, el relativismo moral afirma que la ética es individual y subjetiva. Es decir, cada persona tiene sus propias convicciones morales, las cuales pueden diferir de las de los demás.   El ejemplo más paradigmático de ello es el aborto. En no pocas sociedades "democráticas" de la actualidad, el aborto es considerado un "derecho", incluso un "derecho" ilimitado. Los no nacidos no tienen ni voz ni voto, ni mucho menos poder para defenderse. Otros tendrán que defenderlos. Otros tendrán que hablar por ellos. Otros tendrán que expresar "opiniones" contrarias a los que han expresado las suyas favorables al aborto.

Es grave el peligro por estas tendencias que tratan de orientar las legislaciones y los comportamientos de las futuras generaciones hacia un relativismo cultural y moral predicado y exigido como posibilidad única de verdadera democracia, y que se limita y concreta a la condescendencia con ciertas orientaciones culturales o morales transitorias, como si todas las posibles concepciones de la vida tuvieran igual valor.

El relativismo moral afecta la concepción de la persona y de los vínculos humanos, en primer lugar del matrimonio y de la familia. El matrimonio tradicional es básico para el bienestar de las familias dado que las familias transmiten los valores y forman el carácter, siendo también básico para la salud de la sociedad. La política debería dirigirse a fortalecer a las familias, no a debilitarlas.

 

Conclusiones

En Argentina la política no está al servicio del bien común sino de intereses personales, partidistas y económicos, por lo cual a los fines políticos y electorales no se debe apoyar partidos y proyectos políticos que se vean funcionar al servicio de los intereses del poder económico y en menoscabo de la vida y de los derechos humanos, lo que los hace ineficaces para impulsar el bien común.

La Política y el Estado deben orientarse por el principio del bien común: El bien común es el fin de la ley, de la autoridad y de la sociedad por lo que el conjunto de la actividad política debe estar orientada al bien común de la sociedad. El Estado es garante del bien común. Para conseguir ese bien común los poderes públicos deben respetar el orden moral.

De acuerdo a los criterios de una globalización financiera no se da gran importancia a los valores morales y espirituales, formándose en los últimos años un contexto social en el cual las motivaciones económicas son antepuestas a valores y comportamientos fundamentales para un desarrollo armonioso de la sociedad.

Santo Tomás dijo que "Un régimen se vuelve injusto cuando, despreciado el bien de la sociedad, tiende al bien privado de¡ dirigente. Luego cuanto más se separe del bien común, tanto más injusto será el régimen. Más se separa del bien común la oligarquía, en la que se busca el bien de unos pocos, que la democracia, en la que se busca el bien de muchos"  Claro que Santo Tomás no pudo conocer la especial democracia argentina, que ha derivado en una demo-oligarquía perversa, que busca el bien de unos pocos y la sumisión y desatención de muchos.

La familia es el ejemplo de la sociedad y hay que preservarla  pues se observa una tendencia a tratar de desarmarla y equipararla a cualquier tipo de asociación entre seres humanos en los que se comparta el sexo, sin importar la naturaleza de la relación ni la ética.

Se agrega la carencia de una política de población en Argentina: Un país despoblado que necesita cien millones de habitantes para desarrollarse, no requiere un control demográfico mediante la anticoncepción ni la desaparición de niños por el aborto, sino un estímulo de la natalidad. Se debe valorar en plenitud la vida humana, que debe ser defendida y preservada desde su concepción y hasta su fin natural. Por lo cual debe definirse en aspectos importantes, como el aborto, la anticoncepción y políticas de Estado en cuanto a familia y población. Hay que proteger la Familia: La familia, verdadera y tradicional debe estar contemplada como una política de Estado, asegurando condiciones socioeconómicas y ambientales para su desarrollo. La familia ha sido y es la célula principal de la sociedad y la que ha sostenido al país en las sucesivas crisis, impidiendo su desintegración.

Para superar el relativismo se requiere una participación de los católicos en la democracia, responsable y con vistas al bien común.Y apoyar la educación sobre valores morales consistentes comenzando por las escuelas donde se debe destacar la religión y la ética. O la alternativa es permitir que persista el relativismo moral que se dirige a la desintegración de la familia y apunta a una aprobación legal del aborto.

 

La política debe ser el "arte del bien común" (Igino Giordani)

 

Dr Julio Crespo Argañarás -Actualización  Diciembre 2005

 

Referencias