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El año 2002 en Argentina

Los argentinos llegan al 2003 con un aprendizaje respecto a la

política, al FMI y a los planes económicos sustentables

Argentina llega al año 2003 después de pasar los doce meses más terribles de su historia moderna, inmersa en una crisis económico social de base moral. Pero no todo ha sido malo pues ha dejado un aprendizaje positivo, porque lo importante de una crisis así es tomar las fuerzas para superarla, asimilando y aprendiendo de las experiencias negativas. Implica el enfrentar los problemas, dominarlos y fortalecerse con la experiencia.

Esto es RESILIENCIA.

 

 

Introducción

La base demográfica de Argentina es de origen nativo y español, que al cruzarse formaron los grupos mestizos. Los indios no fueron exterminados como en la América anglosajona, sino que fueron desapareciendo al mezclarse con los españoles o por causas naturales; luego se agregaron los esclavos negros en el período colonial y en los siglos 19 y 20 la gran inmigración europea, con predominio italiano. Quedó conformada una población con diversas características y con diferencias entre Buenos Aires y el resto de las provincias: En Buenos Aires la población es mayormente de tipo europea y a diferencia de las provincias no tiene sus raíces tan afianzadas en el país conservando el nexo con su lugar de origen.

 

Se puede afirmar que una cosa es la capital, Buenos Aires, y otra las provincias interiores. Si bien ambos conforman la Argentina, sus raíces verdaderas se encuentran en el interior, donde llegan al corazón de la patria.

Esto presenta distintas idiosincrasias y reacciones ante la crisis moral y económica que sufre el país; y así los descendientes de europeos más recientes, con la mitad de sus raíces en Europa, buscan  adoptar la nacionalidad  de sus padres y emigrar. Los que tienen sus raíces profundas se han visto sorprendidos por la magnitud del problema e intentan luchar desde adentro y cambiar la política y la dirigencia corrupta.

 

Historia

Un cambio se produjo en los años 40 con la llegada de Perón al poder, que con el apoyo de su esposa Eva Duarte, logró modificar las situaciones de injusticia social y dependencia externa, consiguiendo desarrollar un país que se definió como Socialmente Justo, Económicamente Libre y Políticamente Soberano. Esta fue una tercera posición intermedia y distinta del comunismo y del capitalismo salvaje. Pero el siglo 21 encuentra al país subordinado en forma humillante hacia un sistema económico social globalizado y deshumanizado con características absolutamente contrarias: Económicamente supeditado a decisiones del FMI, socialmente injusto por una desigual distribución de la riqueza y políticamente dominado por la corrupción.

 

En los últimos veinte años la economía del país ha sido dirigida por economistas especializados, técnicos en números y en ganancias, que han hecho abstracción del bienestar general y la encauzaron hacia el endeudamiento externo y a la concentración de la riqueza por medio una injusta distribución de los ingresos.

El sistema utilizado consistió en disminuir la importancia del trabajo y del esfuerzo de las personas, poniendo énfasis en la obtención de préstamos en el exterior, que no fueron utilizados para el desarrollo del país sino para mantener una ilusión de progreso y, sobre todo, para aumentar las cuentas bancarias de la dirigencia política, sindical, empresaria y financiera.

 

Globalización

De acuerdo a los criterios de una globalización financiera no se da gran importancia a los valores morales y espirituales, formándose en los últimos años un contexto social en el cual las motivaciones económicas son antepuestas a valores y comportamientos fundamentales para un desarrollo armonioso de la sociedad.

Los impactos que recibió la sociedad argentina fueron varios y los más importantes siguen vigentes y golpeando duramente, comenzando por las características de la clase dirigente que tras largos años de corrupción e impunidad se volvió adicta a algo más fuerte que las drogas:

  • Adicción al poder

  • Adicción a la riqueza

  • Adicción a la mentira

En un marco económico de devaluación de su moneda en enero 2002, para conseguir una rebaja de los salarios sin hacerla en forma directa, acompañada de recesión y de inflación; con el empleo de una manejo psicológico de la población en base a mentiras y con una televisión envilecida y degradante; apoyando el contexto de una globalización con grandes beneficios para pocos y una situación de retraso y deterioro social, desempleo y destrucción de la industria argentina.

En Argentina la DEVALUACIÓN, que se hizo con torpeza y sin ningún plan, trajo resultados nefastos y contrarios a los pregonados. La ineptitud demostró ser dañina como la corrupción , y aún más porque se sumaron las dos.

 

Aumentó el desempleo, subieron los precios y las condiciones de vida de los argentinos llegaron a extremos de pobreza e indigencia inéditos e incomprensibles para un país que todo lo tiene...pero ese todo lo tienen unos pocos privilegiados. Los demás han perdido trabajo, han perdido el futuro de cada uno y de sus hijos, han perdido seguridad ante la delincuencia. Se ha perdido la seguridad de ser atendido en una enfermedad y de adquirir medicamentos, por la decadencia de las obras sociales y mutuales, más el terrible aumento del precio de los medicamentos. Se ha perdido la posibilidad de estudiar y en las escuelas primarias, secundarias y universidades la deserción se ha multiplicado. Aumenta el trabajo infantil, la desnutrición, las enfermedades cardiovasculares y psiquiátricas.

 

 

Cambios y reformas

Los cambios necesarios no surgirán de la clase política porque su esencia y su actividad se encuentra sumergida en privilegios, prerrogativas y ventajas de todo tipo, transformadas en leyes por los mismos políticos. Y no pueden surgir de gobiernos que dejan pasar las cosas esperando que la gente se canse de protestar y todo vuelva a ser como antes. Ni habrá cambios con préstamos de Fondo Monetario Internacional para pagar intereses de otros préstamos. Ni vendrán cambios desde las legislaturas interesadas. Ni cambiarán las cosas medidas económicas para sostener privilegios.

Argentina es un país latinoamericano que se ha destacado por su gran clase media activa y emprendedora. Ha sido una sociedad democrática con su base en el esfuerzo y raíces con valores y principios. Es un país que todo lo tiene en riquezas naturales, pero que además tiene una corrupción destacada, una clase política inepta dedicada a labrar su propio bienestar y una cultura de especulación que busca el enriquecimiento rápido.

Llega al siglo 21 distinta y lacerada, principalmente por la gran extensión de la pobreza, donde ya está incluida más del 50 por ciento de su población, con el agravante de la desocupación y la desesperanza que traduce como  inútiles los esfuerzos. La clase media se ha reducido y se encuentra sumida en la opresión de la inseguridad e inequidad. La clase alta ha pasado a ser la del poder y la perversión, e integrada por políticos, empresarios, financistas y sindicalistas corruptos.

En resumen es un país potencialmente rico con un pueblo pobre sumido en una pseudodemocracia deshonesta por una dirigencia opulenta. Inmerso en una globalización deshumanizada que exalta los valores de la competitividad, el culto al dinero, al individualismo, la frivolidad  y el consumismo; pero con una sociedad que en su educación transmite valores de patriotismo,  solidaridad, tolerancia, cooperación, paz, democracia, honestidad, sacrificio. 

Valores que tienen  una inmensa contradicción con los que se premian en la vida diaria y que, como consecuencia plantean una tremenda incoherencia y ocasiona situaciones paradójicas, como el hambre en una país productor de alimentos, el hacinamiento en las viviendas de un país que tiene grandes espacios despoblados, la desocupación en un país donde todo está para hacerse, el aumento de las enfermedades en un país productor de médicos y, sobre todo, la desigual distribución de la riqueza en una país rico.

Argentina puede recuperarse si la dirigencia deja de mirar el bien propio y comienza a trabajar por el bien común. Y todo está planteado y presentado por las universidades, la Iglesia Católica, las Naciones Unidas y numerosas instituciones que participaron y elaboraron:

Estas Bases para las Reformas,  más el Plan Fénix producirían los cambios que el país necesita para ser una Nación. Pero falta en absoluto la voluntad política de aplicarlos porque la clase política no mira el bien común sino sus intereses personales y privilegios.

 

La crisis argentina se extiende en el tiempo por la indecisión política para implementar un plan económico sustentable, como el Plan Fénix, más la sordera oficial hacia la Mesa de Diálogo que presentó las Bases para las Reformas. A esto se agrega el culto al FMI y la adoración del dólar.

Aquí se muestra la realidad de la afirmación de Otto Von Bismarck: "El político piensa en la próxima elección;  el estadista,  en la próxima generación".
 

Enseñanzas de la crisis

 La sociedad está madurando  con conductas que muestran disciplina y una actitud positiva, preparándose para el trabajo y sumando esfuerzos para que el país vuelva a ser una Nación, dejando de lado el resentimiento y la desesperanza, promoviendo las reformas y participando en las nuevas conductas para conseguir una política sana, que comienza a mostrar la aparición de nuevos grupos que organizan una renovación y cambios de fondo.

Varias cosas se aprendieron y su sociedad está buscando las medidas necesarias para cambiar a pesar de la oposición de la clase dirigente, que intenta hacer persistir la situación. ¿Y qué es lo que se aprendió en el 2002?:

1.-El país a pesar de ser rico por naturaleza llegó a ser verdaderamente pobre por un problema de base moral y ética con consecuencias económicas y sociales.

2.-No puede haber desarrollo ni progreso en un ambiente de especulación despreocupado del bien común.

3.-Argentina tiene una dirigencia política, financiera, empresarial y sindical corruptas, dedicadas al propio bienestar.

4.-La clase política es adicta al poder y a la riqueza, no le interesa el país y lo demuestra ampliamente con las luchas internas en los partidos, que nada tienen que ver con el bien común.

5.-El país no necesita préstamos para superar su situación de crisis sino trabajo, solidaridad y justicia social.

6.-La gran deuda externa argentina de 150 mil millones de dólares, se desarrolló en forma innecesaria e intencionada, pues lo único que produjo es un grupo de privilegiados que tienen en sus cuentas particulares fuera del país una cantidad cercana a los 150 mil millones de dólares. Se puede asegurar que fue perpetrada con premeditación y alevosía.

7.-El FMI no tiene ningún interés en el desarrollo del país, pero tampoco es el culpable de la crisis, sino los mismos argentinos que siguieron durante años sus indicaciones, menos la indicación de un plan económico sustentable. El plan está, se llama Plan Fénix, pero es relegado con indiferencia por políticos.
 

Conclusiones

Argentina ha sido un país en crisis durante el 2002, que ha pesar de no recibir préstamos externos realizó pagos de su deuda externa por 4.000 millones de dólares y comenzó una leve reactivación de su desarrollo al finalizar el año.

Esto demuestra que el país no necesita préstamos y que los tomados en décadas anteriores fueron solicitados para endeudar intencionalmente al estado, no siendo utilizados para el desarrollo sino para aumentar las cuentas bancarias de políticos, financistas, empresarios y sindicalistas.

El Fondo Monetario Internacional con su actitud de no otorgar préstamos a Argentina puso en evidencia esta situación, mostrando que el país puede comenzar a crecer sin ayuda externa. Esto es positivo y debe completarse con ciertas medidas que no dependen de afuera sino del propio país:

Argentina necesita cambios de fondo en sus políticas y conductas. Y precisa limitar el accionar del Fondo Monetario Internacional, que intervino durante años promoviendo medidas que resultaron negativas, recesivas e impulsaron la especulación a expensas de la producción.

 

 

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Enero 2003

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