Doctor…¡No sé qué es lo que me pasa!
La Atención Primaria narrada
por un paciente de ficción situado en Mosconi
En el Centro de Salud de Mosconi le habían explicado a mi esposa que la base de los exámenes periódicos de salud eran las diversas medidas de educación para la salud y de detección o intervención con finalidad preventiva. Ante lo cual ella advirtió que hacía un tiempo que me notaba cansado y de mal humor, estimando que sería conveniente me realizara un examen médico.
-¿Te duele algo?-. En realidad ella no puede aceptar que pueda haber una enfermedad sin que a uno le duela algo.
-No sé qué es lo que me pasa –me lamenté. Y qué sé yo si me duele... Justamente es eso lo que me pone nervioso. Es como una especie de cansancio mental, que se extiende a todo el cuerpo, como si estuviera lleno de...
_¿De plomo?
-¡Sí! ¿Cómo lo adivinaste? A lo mejor me hace falta hierro, tal vez no me esté alimentando bien. Bueno, de todos modos algo me pasa.
-¿Y por qué no vas al médico? – Con esos síntomas tenés que hacerte controlar.
-Lo que sucede es que ya estoy en el Programa de Control Periódico del Adulto Asintomático y si ahora voy con síntomas no me van a querer atender.
-¿Sos o te hacés? En el Centro de Salud hay un clínico que es amable y competente y nunca puso reparos para atendernos.
-¡Cierto! El doctor Omar... Me gusta porque está siempre de buen humor y escucha todas nuestras quejas con paciencia y comprensión. No hay nada más gratificante que un médico que recibe con una amistosa palmada en el hombro y alguna observación alentadora.
Mientras estaba en la sala de espera aproveché para leer los carteles y me enteré que tenían un Programa de Huertas Familiares y podía asistir allí a una próxima reunión que Mirta, Asistente Social, haría con el INTA, para darnos indicaciones y una bolsa de semillas.
-¡El siguiente, por favor1
Era yo. Entré.
-Siéntese –dijo el médico.
Me dejé caer sobre una silla. ¡Nada de palmaditas amistosas en el hombro! ¡Ninguna observación ni opinión alentadora! El médico se quedó sentado ahí, mirando su recetario. Se sostenía la frente con una mano; tenía aspecto pálido y agotado.
-¿Tuvo un día de mucho trabajo? –Le pregunté-. Tiene muy mala cara.
-Estoy cansado –gimió-, muy cansado. No doy más. Después de atender tantos pacientes, no se puede estar de otra manera. Nunca me había sentido así. No sé lo que me pasa. Es como si tuviera el cuerpo lleno de...
-¿De plomo?
-Sí, exactamente.
-Lo que le hace falta a usted es tomar un poco de aire. Yo, en su lugar, haría un largo paseo a pie cuando termine las consultas de hoy.
-Sí, podría ser una buena idea –dijo sin el menor entusiasmo-, pero la verdad es que no me quedan ganas para eso después de toda una jornada de atención. Además, tengo la cabeza… hace unas semanas que parecería que la cabeza no me responde.
-Eso se puede arreglar. ¿Sabe qué es lo que tiene que hacer? Invite a su señora a un buen restaurante, después la lleva a bailar, o al teatro. Vamos, doctor, tiene que salir y divertirse un poco.
-Sí, pero si hago eso me acostaré muy tarde –objetó-. ¿Y qué hago al día siguiente? Voy a estar todavía más cansado, más agotado. Y además ya no hay nada que me divierta. Estoy totalmente fundido, no sirvo para nada…sobre todo de ánimo.
-Doctor Omar- ¿No tendrá tensión alta o fumará mucho? ¿Se controló el colesterol y la glucemia?
-Está todo bien y nunca he fumado…
-¡Tendría que irse a pasear a las sierras!
-Voy a cada rato. Y con el Grupo Brocheriano viajo a Traslasierra, a la zona de Tasma en la Pampa de Pocho y al Volcán en el Departamento San Alberto.
-Pero allí usted se pone a atender a la gente carenciada con el grupo de médicos. Recuerdo que el año pasado salió un artículo en el diario sobre eso.
-Sí, atendemos y descansamos algo …
-Pero no es suficiente doctor… ¡Ya sé! ¡El mar!
-¿El mar?
-Sí, tómese unas vacaciones de quince días y vaya a descansar a alguna playa, tomar sol, caminar, olvidarse del Programa de Control Periódico del Adulto Asintomático. ¡Eso es lo que le está haciendo falta! A los quince días volverá como nuevo. No se puede forzar un motor día y noche a su máximo rendimiento; termina quemado y todo se va al demonio. Cada tanto es necesario recargar las baterías. Y la manera de cargarla es irse unos días afuera, descansar al sol…
El médico se levantó y me estrechó la mano con aspecto más satisfecho.
-Muchas gracias –exclamó-, esas eran las palabras que necesitaba oír. ¡Ahora mismo llamo a mi señora para que reserve pasajes!
Tomó su celular. Cinco minutos después el asunto estaba resuelto: Quince días en Mar del Plata con la familia.
-Bueno –me dijo con la cara radiante-, ahora lo único que nos queda es saber por que ha venido.
-Un malestar pasajero, pero ya me siento bien. Le deseo unas buenas vacaciones.
Cuando volví a casa mi esposa me dijo que había llamado un amigo para ir a pescar.
-Pero me imagino que estarás muy cansado para eso, ¿no?
-¿Por qué? ¡Para nada! –le aseguré rápidamente-. Estoy muy bien. Acabo de llegar de lo del médico. Y me dieron una bolsita con semillas del INTA para que hagamos nuestra Huerta Familiar. Tienen un programa bárbaro Pro Huerta. Y además te anotaron para las reuniones y talleres de embarazadas y …
Cuando al día siguiente, a la hora del almuerzo, comí todos los platos y tomé un buen vino, ya no me sentía cansado ni de mal humor. ¡Parece mentira lo que puede la medicina!
Adaptación teatralizada a los Centros de Salud del libro ¡Hola Doctor! De Willy Breinholst.
Octubre 1999